
En cierto modo, me identifico con el protagonista. Bueno, sin ser hombre, sin el caballo, el atardecer, el alcohol, el desierto,... Bueno, que sólo compartimos el calor. Ese intenso calor de las tardes de verano.
Yo tengo libros, tv, satélite, ordenador, tablet, móvil. No se si veis por dónde voy. No necesito perderme en el horizonte, con el sol dibujando mi contorno, y mi caballo masticando unas hierbas. ¿O si?
Si no estoy entretenida, parece que algo falta. Hablo de esos momentos tras las tareas, las obligaciones y las reuniones familiares o "amigables".

Además, el problema de su escasez no viene solo. Imaginaos que os parece genial eso de reflexionar, terminamos con la plancha, la cena, acostamos a los niños y creamos ese momento para la reflexión y ya.
...
Y ahora ¿Qué?
¿Qué pasa? ¿Qué no se nos ocurre nada? ¿Sólo nos asalta la cabeza la lista de la compra, lo que dijo la suegra durante la comida, el expediente pendiente sobre la mesa del trabajo? Bueno, tampoco está mal. Siempre que trascendamos el hecho en si.
Muchas veces, con tanta tecnología, se nos escapa la reflexión, la filosofía. Se nos desvanece la meditación. Se borraron las humanidades y lo que traen consigo.
Si no sabemos ni escribir ¿Cómo vamos a estructurar pensamientos más trascendentales que el instante actual?
Ojo. No estoy renegando de la tecnología, los avances, la ciencia. Soy muy 2.0 Como sabéis todos (un ejemplo este blog, el FB, la cuenta de Twitter...).
Pero, para avanzar, para mejorar, debemos pensar. Ir un poco más allá de nosotros mismos. Del yo, mi, me, conmigo. Debemos planificar, desde la realidad. Desde lo que fuimos y lo que somos. Hemos de preguntarnos a dónde vamos, qué esperamos de los demás, ¿debemos esperar eso de los demás? ... Uf, será por temas.
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