martes 31 de enero de 2012

UNA PIZCA DE SAL, HARINA, AGUA,...


Al cambiar de casa, me propuse también cambiar ciertos hábitos. Generar espacios y rutinas nuevas. Una de ellas es la de cocinar. 


Cocinar me gusta, aunque apenas lo pueda hacer. Más bien hago cocina de batalla. Sin probar recetas, platos, variantes, etc. Y yo quería, quiero, hacer cosas nuevas. 

Mi hermana se entretiene, se evade con sus diseños de patchwork, si quereis ver sus diseños creo que colgaré cosicas por aquí. La mujer es más que apañada.

Bueno, que me pierdo. Una de las cosas que quería era cocinar. Recetas de esas que lees y dices "¡Cómo me gustaría hacer esta receta!".
Lo malo es que sigo teniendo cierto problema de tiempo. Así que cuando hago alguna receta, para cenar habitualmente, suele acontecer que el reloj pone la quinta. Resultado, cenamos un pelín tarde.
Pero arrobita va aguantando con "detallines" culinarios.
Esta vez tocó "Pasteles de carne", pero mi versión. Es decir, en lugar de carne de ternera, pollo. Os he puesto el enlace por si os anima la foto. Ese blog tiene un montón de ideas que me gustan. Y lo comparto, por si hay alguna cocinillas por aquí.
Un pequeño fallo, la masa todavía me queda un poco gruesa. Pero bueno, todo se andará.

Y, como he cocinado, estoy más feliz que una perdiz.

domingo 29 de enero de 2012

NI ASOMAR UN PIE


Ya va finalizando el fin de semana. Ya veo en el horizonte el madrugón semanal y los tropecientos mil temas pendientes o a resolver.


Pero el domingo es mío. Que el sábado fue un poquito, un poquito suyo. Con sus compras, su traslado de más cosas de la eterna mudanza, lavadoras y demás.

Pero no, el domingo ha sido casero-casero. No he salido de casa ni para ver si nevaba, llovía o lucía el sol. Bueno, tampoco es muy necesario, que para eso tengo ventanas. He pasado del sofá, a la mesa pequeña. De la pequeña a la grande y vuelta a empezar. Intercalando la comida, la siesta, la película y acariciar a dos manos a los gatos.


¡Qué gustazo! Y es que hay que saber parar. Hay que permitirse parar. Y nada de las tonterías esas de sentirse culpable ¡Qué nooooo! Que es sanísimo.


Detener ese ritmo enloquecido que nos lleva de un lado a otro de la semana. No siempre nos damos cuenta de estos vaivenes. Así que, cuando somos conscientes, hay que tomar cartas en el asunto.

Regalarnos un poco de tumbarnos a la bartola. Y a disfrutar.



domingo 8 de enero de 2012

JURO QUE YO NO ERA ASÍ

Como ya os he contado, nos hemos mudado hace poco. Con la historia de los trabajos, las fiestas y algunas cosas más, todavía tenemos ambas casas como si hubieran sido robadas. Ya tenía yo ganas de aposentarme tranquilamente en nuestro nuevo y flamante ikea-sofá y dejar de mirar con envidia a los gatos -que pasan media jornada desparramados en él-.

Han pasado por aquí, como los ministros, mis amados suegros en visita relámpago. Han echado una mano con una chapucilla, han compartido unos granillos de arroz y se han ido corriendo.
Ahhhhh, todo el sofá para mi...

Pues no. Me ha entrado un no-se-qué-qué-se-yo, y llevo toda la jornada -al igual que ayer- trasteando, moviendo, colocando, ordenando, limpiando, etc. Que no se si soy una sola o tengo una hermana gemela.

Chicas que tenía una parte de mi cuerpo tirando hacia el sofá y otra parte tirando hacia todas partes.

Que yo no sabía que era así. Desconocía que tuviera un gen materno tan dominante. Se ha despertado la fiera que hay en mi. Que casi me he obligado a sentarme en el sofá -en el cachito que mis gatejos han tenido a bien cederme-.

Y no veas lo bien que se está. Aquí, con las patitas propias estiradas y trasteando con el portátil. Pero ese gen rabioso, de organización, limpieza y demás cosas terribles, lucha por volver a tomar el mando. 

No es fácil aguantar. Pero es que voy a empezar la semana más cansada de lo que terminé la anterior. Y así no se puede llegar a ninguna parte. Así que he dejado las cosas como están y seguiré otro día. Que hay que disfrutar un poco de la jornada. Que yo no era así, de verdad. Yo era una mujer joven, despreocupada, y tal. Y como me descuide, me pillan con el mocho pegado a la mano y mirando con lupa si se amontona el polvo. Esto no puede ser bueno. Creo que me estoy haciendo mayor.



miércoles 28 de diciembre de 2011

CONSERVAR LA INOCENCIA

Hoy en el santoral, se recuerda a un montón de críos. Aquellos que murieron porque el político de turno intentaba cortar de raiz el problema de un tal Jesús en el futuro. Como se ha visto, falló.

Hoy, por tanto, es el día de mucha gente. De todos los que conservan, aún siendo talluditos, un poco de la inocencia de la infancia. Por pequeña que sea esa porción.

Hoy es mi santo también. Me incluyo, me resisto a que me excluyan, a autoexcluirme o que me expulsen tras robarme toda la inocencia. Y eso que ya estoy muy maleada.

Quiero ser inocente y creer un poco en el hombre.
Quiero creer que podemos cambiar las cosas.

Soy inocente para creer que podemos mejorar.
Soy inocente como para imaginar un mundo mejor.

Inocente como para creer que, con la que está cayendo y los periódicos a reventar de malas noticias, asesinatos, robos, crisis, eres y demás, ningún tiempo pasado fue mejor.

Quiero ser inocente y luchar por acercarme a todos con una sonrisa, brindar mi apoyo, mi cariño, mi escucha. 

Quiero conservar inocencia suficiente para poder trastear con un niño y que no piense que soy un vejestorio.Quiero conservar la creencia en las hadas, los ángeles, el ratoncito Pérez, los Reyes Magos y los extraterrestres simpaticones.

Soy inocente, por lo menos un poco. Para poder afrontar tanta dureza, dolor, esfuerzo, sinsabores, descreimientos, desidias y desigualdades.

Quiero ser un poco inocente y creer a pies juntillas que puedo aportar algo para mejorar el mundo que me rodea.

lunes 26 de diciembre de 2011

MUDANZAS VARIAS


La verdad es que una mudanza es una bonita forma de complicarse la vida. Tras unos lustros en un domicilio, independientemente de la cantidad de metros útiles de que disponga, descubres tu gran capacidad para rellenar todos los huequitos posibles. 


¡Por Dios! ¿De dónde salen tantas cosas? Yo creo que procrean cuando yo no estoy en casa. Otra explicación es imposible. Si hay cosas que ni sabía que teníamos. ¿A ver si es que nos las prestaron y no las devolví? No, no, que yo soy muy cumplida.

El caso es que, hasta que encuentren el sitio a ellas destinado en la nueva casa, tienes que sortear montoncitos de resistencia. Cajas, bolsas que se colocan de manera artística o estratégica en tu camino. Y no se cuánto tardaré en volver a localizar ciertas cosas que ya están en la nueva casa (o eso espero).
No se cómo lo hacemos, pero en las mudanzas siempre desaparece algo. Al menos en las que yo he podido participar. Unas fotos, una camiseta, calcetines, algún documento, etc. Cosas de las que nunca más se supo. Aunque jures y perjures que si que lo guardaste en una caja que vino al nuevo lugar.
Algunas veces, pasa igual con las amistades. No sabes muy bien el motivo, pero te mudas y desaparecen. La distancia se vuelve insalvable. Es como si dejaras lo lazos en el viejo domicilio.

Claro que también aparecen nuevas cosas. Nuevas amistades, nuevas calles por recorrer, tiendas que descubrir, bares que probar. Caminas y descubres que tu vida se ha poblado de aromas nuevos, de sutiles cambios según la hora. No sólo cambian los grados que te acompañan (en mi caso si, que me subí a la sierra), cambia hasta tu manera de percibirlos. 

Un cambio importante, pero positivo y necesario.