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martes, 21 de mayo de 2024

YA NO ES IGUAL

 Desde las cámaras, veo la casa de mis padres. Tan vacía como tantas veces habrá estado. Pero no la siento igual. La siento MÁS vacía, más fría, más triste. Como si las cámaras captaran la tristeza de las paredes. Como si la mesa añorara el delicado tacto del periódico de papá. O la campana extractora supiera que ya no captará la receta perfecta de los labios de mamá.

Me siento una suplantadora, cada vez que leo el periódico en el salón. O cuando guío los pasos de una receta, siendo ahora mamá la pinche.

Si no miro, siento la casa llorar. Llorar por todo lo que se ha ido, por todo lo que sabe que se está marchando. Y sus lágrimas se unen a las mías, en ese vacío que compartimos, muebles, paredes, ropas y yo.

No hay escondite para esquivar las pérdidas.

lunes, 16 de noviembre de 2020

LAS APARIENCIAS

Mientras tomaba un café con hielo, a la sombra de un bar del paseo marítimo, me fijé en dos mujeres que bajaban por la duna que me separaba de la playa.

La más mayor, o eso parecía, caminaba delante, con ese andar extraño que nos da a la mayoría el ir hundiendo los pies hasta los tobillos en la arena.
Sus gestos eran enérgicos y gesticulaba sin parar. Aprovechando la mano que no sujetaba la tumbona plegable, y una musculatura facial muy trabajada.
La otra mujer parecía estar en otra onda. Más relajada. Escuchaba sin hacer grandes aspavientos, respondía de vez en cuando, resoplaba con cara de paciencia y se recolocaba el pareo, que no parecía dispuesto a taparla.

Estaban lejos, por lo que me resultaba imposible escuchar su conversación.

Unos metros más atrás todavía, aparecieron dos hombres con simpáticas biseras. Parecían completamente ajenos a la conversación que les precedía.

Entre sorbo y sorbo, mi cabeza se puso a imaginar la posible conversación. Acaso ¿No lo hemos hecho todos alguna vez?

    —María ¡Es que no te entiendo! Bajas a la playa, quedamos, planeamos quién trae el qué. Y vosotros pasando.
—Que no Lucía, que no ha sido así —suspiraba la segunda, mientras decidió quitarse el pareo y guardarlo de cualquier manera en un hermoso capacho.
—¿Ah, no? —Bufó la mayor— Pues ya me dirás. Porque tenemos que marchar ahora de la playa.
—Pero sólo nos vamos a comer. Volveremos —Se paró y mirando hacia atrás, trató de incluir a los hombres en la conversación— ¿Verdad Ramón que luego volveremos? —Sin esperar respuesta, retomó la marcha— Espera mujer.
—¿Qué espere? —Lucía se volvió— ¿A qué?¿A que recordéis las cosas?¿A que no haya que esperar mesa en el chiringuito? —Los miró a todos— ¡Ya os vale!

María la alcanzó, aprovechando que Lucía tomaba aire, mientras descansaba la tumbona en sus pies.
—Venga, ha sido un olvido sin importancia —y le colocó el sombrero de paja, que amenazaba con quitarse de en medio.
—Mari, si es que siempre pasa igual. Me encargo de buscar el hotel, la mejor playa, de que todos tengamos las toallas, los bañadores, los crucigramas y las pipas —Mirando al horizonte, hacia mí, continuó—. Y sólo os pido que os encarguéis de la comida. Sólo la comida... —suspira— Y se os olvida en casa.
—En el hotel.
—En el hotel vale, no me corrijas ¡Coño!
María se ríe, mientras Lucía retoma la marcha.
—Bueno,  comer un menú del día tampoco está mal —y se paró, esperando la respuesta como una estocada violenta.
Lucía no se paró. Ni se giró. Movía los labios en un monólogo intenso.
—Si es que ya lo sabía. No se qué me sorprende. De siempre ha sido así —Se sujetó nuevamente el gorro de paja—. Soy la mayor y, por lo que se ve, la única responsable. Tú, ¡Ala, a disfrutar! Que buena cuenta has dado de las pipas y la sangría que he comprado al chico de la nevera.
—A ver Lucía, lo hemos pasado bien —sonrió— no fastidiemos el fin de semana. Si, eres la mayor, la que organiza, la que planifica —se encogió de hombros— Siempre, como dices, lo mismo. Se te da bien y, reconócelo, te gusta.
Lucía se paró en seco. María casi choca con ella— ¡Encima cachondeo!— Se encogió de hombros— Pero si cualquier día vas a olvidar a vuestro hijo en la puerta del colegio. Si no lo recojo yo.
—Vamos, no te pases. Riéndose añadió— Aunque si pierdo a Manolito y, con él a Ramón, tampoco me importaría.
—¡No seas burra, María! Es tu familia.

Esta última frase ya me llegó directamente. Ambas mujeres habían cruzado el paseo y se disponían a tomar posesión de la mesa contigua a la mía.
A ver si mi historia se parecía mínimamente a la real.

—¡Camarero!¿Tienen todavía la cocina abierta? —Lucía se sentó en la silla más próxima a mi.

Sonreí, tampoco había ido yo muy desencaminada en mi doblaje.

—Voy al baño, pide lo que quieras —María dejó el capacho y se alejo entre las mesas.
Lucía, mujer contundente y decidida, dejó la tumbona en una de las sillas libres y se centró en la carta, pidiendo rápidamente una serie de raciones, a todas luces escasas para cuatro personas.

Hablando de los cuatro ¿Y los maridos? Miré alrededor y sólo vi dos siluetas alejándose calle arriba. Bueno, quizá estos no eran los maridos. No todo lo que parece, es lo que es.

María volvió y se acomodó. Se hizo el silencio, mientras aprovechaba a revisar su móvil.

Vaya, parecía que las dos estaban aguantando para no dar el brazo a torcer. María tenía un aspecto más ligero, más moderna, espontánea, disfrutona y menos severa. Lucía más tradicional. Mas responsable. Con pinta de ser la que lidia con marido, hijos, casa y suegra.

Acabé mi consumición. Pero me pudo la curiosidad, por lo que pedí otra ronda y media de ensaladilla -tras ver la buena pinta de la ración que les habían servido a ellas-.

María dejó el móvil y miró largamente a Lucía. 
—¿Mejor? —María alargó la mano hacia Lucía. Una mano nudosa, con una alianza y una pulsera de plata por adorno. Sus manos denotaban un gran trabajo manual.

Ya más cerca, pude observar que andarían transitando la década de los cincuenta las dos.

—Si, ha sido un error —La mano de Lucía alcanzó la de María y la acarició, mostrando un reloj de marca.
—No, no ha sido un error —y tironeó de la mano de su amiga para que la mirara— sabes que todo va a salir bien.

Hummm, parece que no hablaban de las tarteras del almuerzo.

—Emi (Así que Lucía, en verdad era Emi)— Todo llega cuando tiene que llegar. Tus hijos vendrán y lo pasaremos de lujo —Sonrió con cariño—.
—Carmen, Carmen, Carmen —suspiró mi Lucía, con cada sílaba— ¿Qué sería de mi, si tú no estuvieras?

Vaya, la fuerte no lo era tanto.

—Mira, yo creo que ya se lo imaginan. Hace 4 años que murió Damián y 2 desde  que te separaste. Tenemos derecho a rehacer nuestras vidas.

Anda, puede que los dos maromos que se alejaron fueran los novietes de estas dos mujeres. Mucho más que novietes, puesto que andaban pensando en presentarlos "en sociedad".

—No se, Carmen —se calló unos instantes, mientras miraba el plato—. Quizá, como te he dicho, sea pronto.
—¡Ah, no! —Protestó— No pienso volver a la cocina del restaurante, en el pueblo, sin haber solucionado esto —dulcificando el tono añadió— Venga, cómete ese chopito. No está tan bueno como los que yo preparo. Pero creo que se está mareando, de tantas vueltas que está dando por tu plato.
Ambas rieron.
—Siempre sabes sacarme una sonrisa —Y Emi dio buena cuenta del bichejo— Pues no está malo... Puede que te haya salido competencia.
Volvieron a reír.
—En serio Carmen, debemos pensar lo del bar. Yo tengo ahorrado lo del seguro y tu tienes unas manos maravillosas —y soltó una risita nerviosa de adolescente.
—Bueno, bueno. Eso ya lo hablaremos más adelante —mirando la cara de su amiga añadió— No he dicho que no, querida. Estas cosas hay que pensarlas bien. Ahora estamos muy bien. Poner un negocio suena genial —su semblante se puso un poco más serio—. Pero los negocios tensan mucho las relaciones. Y más un restaurante... Pero N-O--L-O-- D-E-S-C-A-R-T-O ¿Vale?
Hundiendo la cabeza entre los hombros Emi respondió— Vale. Lo dejamos para más adelante. Pero no lo olvido.

Durante unos minutos, las tres nos sumergimos en la comida que teníamos delante. aunque creo que yo un poco más a regañadientes por el silencio.
Dos amigas, que tienen cincuenta, con nuevos amores, hijos y necesidad de contarlo a los hijos. Y un padre nuevo no siempre se lleva bien.
Bueno, no todo es lo que parece.

—Bueno, Carmen ¿Cómo lo hacemos? —Emi, retomó claramente la conversación de los hijos— Como te decía, viniendo de la playa ¡No se cómo hacerlo! Esto me supera.
Carmen sonrió— ¿Te supera?¿Yo te supero?
—¡No boba! —Le miró directamente a los ojos— Ni me superas, ni me cansas. Ni ahora, ni nunca.

Hummm, esto último me descuadró un poco. Y me interesó más todavía.

—Bien, vamos a ver —Hizo memoria Carmen de un plan que ambas conocían— Mi hija viene mañana de Barcelona. Ramón y Carlos, según sus cuentas, a media mañana ¿No? —Emi, asintió, mientras daba cuenta de lo que restaba de vino blanco en su copa—. Sigo. Como ya te he dicho, yo creo que ya se lo imaginan.
—¿Y por qué crees eso?

Eso me preguntaba yo también ¿Por qué creía que "eso" ya lo conocían? Y, de todas maneras, que volvieran a tener pareja, no tenía que sorprender en la actualidad a nadie. Ni a los hijos. Los padres y las madres tienen derecho a volver a casarse.

—Vamos mujer —Carmen ladeó la cabeza y con una mirada tierna rozó el brazo de su amiga— Lorena ya nos habla en plural. Ramón me ha invitado a su boda y Carlos se pasó por el restaurante y me presentó a su "amiga".
—¿Sí? —Protestó Emi— Si a mí me costó cinco meses que la llevara a casa —y añadió— como para imaginar que me la presentara en el despacho.
—Bueno, bueno. Tú eres una madre estupenda. Pero fijo que serás una suegra dura de roer.

A todo esto, ¿Los novios no tendrían que estar opinando también?¡Qué parejas tan típicas! Ellas organizando todo y ellos fijo que viendo un partido.

—¿Por dónde iba? —miró el café que tenía delante— Ah, si. Vienen mañana. Los alojamos en la planta de arriba, les dejamos tiempo para descansar, ducharse o lo que quieran —Buscando con los ojos la aprobación de Emi, continuó—. Después nos vamos todos juntos... —Sonó un móvil, era el suyo— Espera...ah, Lorena viene con Alberto —miró a Emi— ¿Todo bien?¿Te importa?
—¡No, que va! Es un chico estupendo y en el despacho le apreciamos mucho.
—¡Ah, perfecto! Comemos en el parador —terminando la última cucharada de su postre, añadió—. Espero que hayas reservado en el salón Sorolla ¡Me encanta ese salón!¡Qué vistas!¿Verdad?
—¡Ya te digo! Todavía recuerdo la primera vez que me llevaste —su voz se tornó un poco ronca— anda que no ha llovido. Pero no creo que lo olvide jamás.
—¡Más te vale!

Tomé nota mental. Les había gustado el salón Sorolla del Parador. Así que, sin darme cuenta ya había decidido visitar el Parador y ese salón. A ser posible al día siguiente.
Pero, a este paso, me iba a perder el final del relato, si no apuraban y me terminaban de contar sus planes. Almuerzo para ocho...¡Ya podían invitarme.
Esto me estaba interesando más que la última serie que vi en Netflix.

—Comemos todos, alegría, chistes y, con los postres, se lo decimos. Chimpún —Finiquitó Carmen.
—¡Chimpun!¿Cómo que chimpún? —Protestó Emi— ¿Así, tan fácil?

¡Eso! ¿Cómo que chimpún? Tenían los hijos que darse cuenta en cuanto vieran a los otros dos hombres en la misma mesa ¡Vaya birria de plan! Ya me decía yo que esta Carmen era poco dada a planificar bien.

—¡Es broma! —Rió— Bueno, tampoco tanto. Mujer no es tan complicado. Se que te pone nerviosa, cariño

¿Cariño?

—Emi, no te preocupes. Son jóvenes tienen otra mentalidad y lo sabes.

Cierto.

Carmen continuó— Yo se lo diré y así te libro de esa pesada carga de anunciar tu boda

¡JA!¡Lo sabía! Se van a casar de nuevo. Y temen la reacción ante un nuevo hombre en la casa.

—Saben que nos conocemos desde hace años. Somos amigas, les hemos visto crecer y seguro que cada una sabemos algún secretillo de los hijos de la otra —Carmen calló para observar la cara de su amiga—. Han visto como nuestra relación ha ido evolucionando, como nos hemos unido ¡Si hasta Lorena nos pilló en tu despacho antes del verano ¡No son tontos!

¿Las pilló?¿A ellas?

—Uf, creo que me puse de todos los colores, Carmen.
—Jajaja —rió la mujer, dejando que su risa nos envolviera a todas— Ya, no creo que lo olvide —Se secó una lagrimilla que se le escapaba— Eras todo un poema.
Ambas volvieron a reír con ganas.
—El caso es que sacaré las invitaciones les diré que te quiero.

¿¿Qué la quiere??

—Que me quieres —continuó— que te pedí la mano, me la concediste... Y que me tomé también el resto del cuerpo.
—¡Qué bruta eres Carmen!¡Que son nuestros hijos!

¿¿Qué la quiere??¿Qué se van a casar? Anda que iba yo atinada. Si. si...

—¿Y después? —Susurró Emi—.
—¿Después? —Carmen cogió el chupito de la mesa, lo elevó y proclamó— ¡Viva las novias!
—¡Calla mujer! —Emi quiso taparle la boca, y Carmen le mordió— ¡Ah! Pero ¿Qué habré visto en ti?
— Felicidad, amor, alegría, un cuerpo de escándalo... ¿Sigo?
—Anda bobota, pide la cuenta y vamos para el hotel.
—¡Camarero! La cuenta.

Las apariencias engañan. Pero ¿Quién debería fiarse de las apariencias?¿Para qué?¿Para etiquetar?¡A la mierda! ¡Camarero la cuenta! A ver si puedo reservar en el Salón Sorolla para mañana.
 

domingo, 4 de mayo de 2014

DE TAL PALO, TAL ASTILLA... ESPERO

Ya lo he dicho en alguna red social, mi madre no utiliza mucho las redes, ni internet, ni apps. Pero siempre está a la última... A la última de lo que nos pasa.

Algunas veces se lo imagina y no es así (tipo "A ti te pasa algo. Que no mamá que no me pasa nada. Di lo que quieras, pero te pasa algo. Mamá que no. Ya me lo contarás, soy tu madre y puedes contarmelo. ¡Mamá!"). Pero otras debe saltarle un piloto rojo en alguna parte del cerebro y dice "Voy a llamar a mi hija". Y mira tu por dónde, estás saliendo del médico, o has tenido un día terrible en el trabajo, o pensabas darle una sorpresa y estás en el portal de su casa...

Si, ese sexto sentido de la mujer elevado a la N potencia de las madres ¡Eso si que es un superpoder! Supongo que las que sois madres, de grandes o pequeños, -pero ya para siempre- sabéis de qué hablo. Creo que tiene algo que ver con alguna sustancia extraña y por descubrir, que se libera con el parto o la cesárea. Será con el corte del cordón umbilical.

El caso es que mi madre, que se crío en una dura aldea y en duros trabajos desde antes de la adolescencia en Madrid, es la..., es la..., es la..., ES LA LECHE. Ya se que no debo hablar mal, ni decir tacos, pero mi madre es LA PUTA AMA. (Mami, eso que he puesto es más o menos que eres la leche, que eres súper, que te sales de la media y por goleada, que eres la caña y un montón de cosas más y todas juntas y muy muy muy buenas).

Ha tenido que cambiar de idea, de conceptos, de unidades de medida sobre la marcha. Es lo que tienen los hijos, que no solemos adaptarnos a lo previsto. Pero lo ha hecho lo mejor que ha podido, lo mejor que sabe hacer su corazón. Para conseguir pasar por encima de todo y estar siempre a nuestro lado. Siempre a pie del cañón. Sin condiciones. ¡Toma ya! A ver cuántos hacemos eso.

No mido mi madre en sus notas escolares, en sus trabajos liberales, en su aspecto más o menos moderno (aunque en todo es la mejor, no lo dudéis). NOOOOOOO. Mi madre es mi madre, la mejor, la más entregada, la que más me quiere, la que lo daría todo por mi ¡Qué más se puede pedir!

¡¡GRACIAS MAMÁ!!


miércoles, 20 de noviembre de 2013

AQUELLOS DÍAS SIN VISTAS AL MAR

Recuerdo aquella noche y los siete náufragos que nos aferrábamos entre nosotros y a la barra del bar. Copas con sabor a despedida.

Las cuatro madres y esposas que buscaban fuerza y valor, el ingeniero que no encontraba su camino, tú la camarera que nos unió y yo que andaba perdida entre la soledad y el futuro. Una semana antes nos habíamos convocado, sin saberlo, en la barra del bar del hotel. 

A mi me habían dejado los amigos tirada. O más bien, yo les había dejado a ellos, empecinada como estaba en aprovechar la semana que restaba de vacaciones ya pagadas, y dejarlos marchar ante el supuesto empeoramiento del tiempo. Algo que nunca pasó con suficiente intensidad y que resaltó lo que realmente deseaba.

Bajaba buscando el periódico y un desayuno tranquilo. Encontré el rincón perfecto, cerca de la zona cero de la barra. Donde sin hacerlo conscientemente, tú aterrizabas cuando descansabas un rato. Donde, sin hacerlo a posta pero sí queriendo un poco, me dejaste el periódico que sabías que leería.

Cuando un cliente no tiene prisa, ni por reuniones, ni por exposiciones, ni por visitas culturales, hace que el tiempo en la barra sea muy elástico. Y allí me quedaba yo, hasta leer las letras más pequeñas del periódico. Buscando tu conversación entre cafés y pinchos. Conversaciones de dos, abiertas a todos los públicos.

Las cuatro mujeres pasaron por la barra para reforzar su unión, al calor del café del "descanso". Recuerdo el primer comentario de las madres-esposas-alumnas, las risas y la distensión. También las primeras confesiones, ya en la jornada post-clases. Todas buscando sin decirlo un futuro, una salida, una carrera hacia delante, que las sacara de sus hogares y sus matrimonios. Amantes esposas y esforzadas madres, que se movían entre el amor y la muerte en vida de su futuro como mujeres, como personas.

El ingeniero se coló de la mano de un pincho de tortilla. Aportando indecisión y falta de visión de su propio futuro. Ellas buscaban uno y él no sabía si quería el suyo.

Tú, tan bien ubicada y segura al otro lado de la barra. Uniendo mundos, hasta ese momento perdidos por las galaxias de nuestras vidas. Y yo, dejándome llevar hasta el último minuto, en aquella ciudad sin vistas al mar.

Con cada desayuno, buscaba el aliño que me regalabas. Me despachabas raciones enteras de conversación, risas y miradas desde la esquina de la cafetera. Dejándote querer, o eso creía yo. Curioseando sin más complicación, pensabas tú. Una por la otra, sin prisa, saboreando ese algo que aún no teníamos y que no queríamos perder. Pero apremiadas por la fecha de caducidad.

Todo nos llevó a esa última noche. Nos regalamos una cena informal y unas copas. No queríamos mirar el reloj. Unos desconocidos que habíamos coincidido. Juramos seguir en contacto, aunque ninguno lo creímos. Unidos por el tiempo suficiente para afrontar la vida.

En aquella barra, donde el ingeniero encontró su lugar entre gente, copas y música. Donde las cuatro mujeres, que llegaron para cambiar, te juraron seguir con su futuro firmando un contrato en la parte de atrás de una servilleta. Compromiso más serio que ante cualquier notario, porque las cuatro, como los mosqueteros, habían decidido unir sus esfuerzos y apuntarse a aquella academia.

En el mismo trozo de barra donde yo tiré copa y lámpara, sintiéndome como quien no tiene más objetivo en la vida que ser torpe y hacer de sus manos un terremoto sobre la barra. Mientras tú reías y bebías. Compartiste la copa, la tuya, la mía y las siguientes. Yo disimulando para no encontrarme. Tu disimulando para perderte de una vez.

Cuando la noche abrió las puertas del garito, y se escapó entre los primeros rayos de luz, el resto de los destinos ya había partido, dejándonos a solas. Salimos camino del final. Tú dejándote caer sobre mi costado, yo ayudando a que no te alejaras. Tú simulando más ebriedad, yo simulando que te creía.

Avanzamos, por esa ciudad con historia y sin vistas al mar. Entre turistas con planos, que nos solicitaban información, y diligentes mujeres que se apresuraban a la compra. Sin rumbo, algo bebidas y con hambre. Tú tropezaste a posta, yo me dejé engañar para cogerte por la cintura.

Recuerdo encaminar nuestros pasos hacia el hotel... Y tu ligero tirón hacia el barrio. Lejos del hotel, tus compañeros y mi habitación. Suspiré camino del fin. Bajo la blusa, tu cuerpo se estremecía. La conciencia y el instinto. La necesidad y la responsabilidad. Todo entre latido y latido.

No quise soltarte al llegar al portal. Tampoco forcejeaste. Y sin dar tiempo a que se cerrara la puerta, mi boca se precipitó sobre la tuya. Si iba a ser una despedida, sería una despedida sincera. Liberando la tensión, las manos y los instintos. No tenía que hablar, todo lo habíamos dicho alrededor de la barra, durante toda una semana.

No se cómo, mientras mis manos buscaban en tu cuerpo, tus manos encontraron las llaves. Y sin prisa, pero sin pausa, aterrizamos la una sobre la otra. Me perdí entre tus piernas, siguiendo tus gemidos. Me llevaste más allá de la razón. No quería pensar. Entre las sábanas, poco a poco, creamos un final. Tú te ibas a quedar y yo debía partir. 

O eso creí. 


sábado, 1 de junio de 2013

PRIMER AMOR

He llegado a la conclusión de que el primer amor está sobrevalorado. Y todo porque somos novatos. Llenos de miedos, iconos, sueños tontos, caricias torpes y mucha tontería.

Yo prefiero, sin lugar a dudas, mi amor de mujer. Mi amor de verdad. Ese que me completa, que me aúpa, que me da fuerza y paz. Prefiero la realidad de un abrazo fuerte y manos sabias.

Regalo el primer amor. Que si, que estuvo bien, que fue el "estreno" de tantas cosas. Pero la experiencia, la riqueza, el color de nuestro amor, no lo cambio por melancolías e idealizaciones.

Quiero mi amor profundo, real y corpóreo. Prefiero mi vida completa, la sonrisa de dos, el silencio que habla, la ausencia que se llena con tu nombre. Me quedo con la insuperable realidad de haber acertado plenamente con mi amor actual.


miércoles, 10 de abril de 2013

IMAGINAR

No es desconocida por ti mi gran imaginación. Mis dotes para recrear escenas. Pero nunca pude imaginar lo que siento por ti. Así que nunca pude recrear los momentos de intimidad.

Nunca dibujé un esbozo de esas tardes de sofá, juntas bajo la manta, con la felicidad flotando como si tal cosas sobre nosotras.

Mi cabeza no creyó posible una escena tan real y tan feliz, como los días que pasamos juntas. Como esos trayectos en coche, que  regalan kilómetros de íntima conversación.

Ni en mil vidas, podría esperar que el destino tuviera algo tan bueno guardado para mi. Mejor que cualquier concurso de la tele.

Eres la estrella de la mejor de las vidas: la mía.


domingo, 17 de marzo de 2013

CHEERS !!


La semana pasada me fui al "pueblo" de una amiga. Asistí a su boda. Un detallito sin importancia: arrobita y yo -sin contar mi amiga- éramos las únicas españolas. Las amigas de la novia. Las amigas de "una" de las novias.

Yo me tomé muy a pecho mi función y decidí cumplir con la tradición de decir unas palabras. Si, si, tradición. Es que no os he dicho que el pueblo actual de mi amiga es "Nueva York". Así que, si recordáis las pelis americanas, se lleva que digan unas palabras por ambos lados. Y agradecimientos, y risas, y emoción, y... y todo en inglés.

Como cualquier españolita tengo un buen "nivel medio" de inglés hablado y escrito... Por eso, rehice el discurso varias veces. Buscando cada vez más la sencillez en el vocabulario. Nada de florituras a lo Góngora versus Quevedo. 
Por si no controlaban tanto su propio idioma -de todo hay en la viña del Señor-, inicié mi discurso con un:

"My English is not very good. But I have the solution. I am de first person with subtitles".

En ese mismo instante, arrobita levantó un taco de folios, que llevábamos previamente impresos. Y procedió a hacerlos pasar al ritmo de mi discurso. Así no tenían excusa para perderse mis palabras.

Y estas fueron mis palabras:

Some time ago that, Teresa and me, are friends.
Friends from our first words.

We didn't say to ourselves:
Come on, tell me your life. Share your hopes, happy moments and dreams.
We didn't also say:
Cry on my shoulder. If you need it, here I am. Take my hand.
Simply, we did it.

Later, Teresa changed work, flat, city and girlfriend...
and girlfriend... and girlfriend... and girlfriend...
Well, but she didn't change her friend... me (afortunally)

Say the family is imposed, but
the friends are chose.
I don't know who chose, you or me, but it did a great favor to me.

Even thousands of miles of me
I believe sincerely that, with Sandy?...
Shannon?...
Sabrina?.... (girlfriend, girlfriend, girlfriend)
Sara?... Yes, Sara!
I believe sincerely that, with Sara,
you have found the authentic happiness and a new family.

I will continue here, by you side.
Cheers!!

sábado, 16 de febrero de 2013

UN BUEN DIA


Con la que está cayendo, cada vez tenemos menos ganas de celebrar nada. Resulta difícil juntarse con los compañeros de trabajo, con los amigos, la familia o desconocidos en la carnicería y no despotricar de la situación, de los chorizos que andan sueltos, de los impresentables que nos gobiernan y de los perdidos y frustrados que andamos todos.

Así que hay que aprovechar cualquier excusa para levantar el ánimo. Mis padres hoy hicieron 50 años de casados. Ahí es nada. Un par de días, vamos. Con sus más y sus menos, siguen juntos, con nosotras. Con sus ganancias y con sus pérdidas, que de todo hay en estos años. Y aún así, nos juntamos para celebrarlo. Porque hay que celebrar, hay que alegrarse, hay que echar unas risas.

Hemos de negarnos a perder lo bueno, a no aprovechar los momentos, las personas. La charla sosegada, las risas, las bromas, son vitales. Es urgente recuperar la ilusión. Es necesario recuperar parte de lo que nos caracteriza.

Por mis viejitos, en cuanto podáis, reír con todas vuestras ganas. Con todas vuestras fuerzas. Si ellos han llegado hasta aquí, nosotras también.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

LO QUE SOY

Ahora mismo, el sol se cuela entre las cortinas del gimnasio y me quedo abstraída unos segundos dibujando sombras en la pared. Porque eso me gusta, eso hago, imaginar, dibujar, construir en mi cabeza. Aunque sólo sea por unos instantes.

Porque, a fin de cuentas, qué soy. Una mujer hecha y derecha. Una contadora de historias breves. Humorista a ratos, guionista frustrada. Una viajera de nube en nube, del color de amanecer al color de puesta de sol.

Soy fisioterapeuta con pundonor, con ética y más experiencia que conocimiento.

Soy calígrafa embrionaria, cocinillas a ratos, paseadora a tiempo parcial. Hija y hermana a jornada completa. Familiar en su amplio sentido de la palabra. Amiga de mis amigas y un poco cotilla.

Habilidosa con la palabra y torpe con multitud de cosas. Aprendiz de todo y maestra de nada.

Soy media cama caliente y media cama fría. Soy noche hambrienta y día de esperanza. Estrella fugaz entre momentos que no se olvidan.

Todo eso y más. Pero qué es "todo" si no fuera por ti. Pues sólo sería la mitad de todo lo que puedo ser. Yo misma con menos lustre, con un poco más de frío y un poco menos de palabra. Con más tiempo y menos caricias. Con más espacio y menos compromiso.

Sin ti, soy Yo. Pero con menos colores y alguna arista de más. Con tanto futuro, pero más solitario. Un pelín menos feliz, un poco menos amada, algo menos comprometida. Hambrienta de ti, sin conocerte.

Sería abogadita de causas pobres y maldecidora en la intimidad.

Sería igual, pero menos yo. Sería el reflejo de mi, en un cristal con vaho.

Y yo quiero ser lo que soy. Y lo soy gracias a ti.

martes, 6 de noviembre de 2012

MATRIMONIO A SECAS

Tengo unas palabras sobre el tema, para ti:

A unas horas del veredicto del tribunal constitucional, sobre nuestro matrimonio, debo aclarar ciertas cosas.

Ya se que es un papel. Ya se que no me había planteado casarme en los años anteriores, en las relaciones pasadas, en los años en los que ni tenía pareja.

Ya se que no es un seguro del amor. Que no va a proteger mi corazón de posibles riesgos, peligros, golpes. Se que no es mi pensión, ni mi paño de lágrimas, ni el salvavidas al que aferrarme si mi vida cae en una tormenta y yo me pierdo en aguas violentas.

Ya se que sólo es un salvoconducto para papeles administrativos y sanitarios. Que no asegura ni un sólo sentimiento.

Es más, se que se puede volver en contra. Convertirse en cadena, en demanda, en el peor de los vacíos -sentirte sola cuando estás acompañada-.

Pero es que el casarme contigo fue algo que tenía que pasar. Algo a lo que nos encaminamos pasito a paso. El escalón lógico. El compromiso deseado.

El acto civil sólo significa una promesa de querer intentarlo cada mañana. De querer enamorarte en cada mirada. Sólo es confirmar la promesa de cuidar que no se tengan que derramar tus lágrimas, que no te falten besos y risas.

Con aquella firma salté al vacío. No quería guardarme nada, no quería dejar abierta ninguna puerta. Quería decir a todos que no pensaba nadar y guardar la ropa. Salté con ganas hacia tus brazos, sin protección, ni paracaídas. 

Lo sellé con la exposición de mi corazón ante ti. No quiero los "por si". Lo quiero todo. Te quiero a ti, con todas las consecuencias, responsabilidades y obligaciones. Te quiero a ti, con todos los sentimientos a flor de piel, con todas mis neuronas, con todos mis recuerdos. 

Abrí la ventana y tiré lo viejo, los miedos, la oscuridad y la duda. No te puedo amar si eso quedaba en mi corazón. Así que dije que si, SI QUIERO, y entraste a tomar posesión de mi corazón. Como dice la oración "Tómalo, tuyo es y mio no".

viernes, 28 de septiembre de 2012

UNA CASA MUY GRANDE


Hoy, mientras fuera llovía, dejé que la casa se oscureciera. Neska dormitaba en su colchoneta cerca de mis pies. Y yo, me dejé llevar por el día gris y me puse una película en el ordenador y un te en la mano.


Cuando me quise dar cuenta, la noche había caído y la estancia estaba muy vacía. Y tu ausencia cayó sobre cada rincón. 

El frío me rodeó e instintivamente me abracé, para buscar tu calor. Y sentí ganas de buscarte y encontrarte. Así que recurrí a las fotos, el mail y el chat. En nada estarás aquí y nos reiremos, sintiendo el calor mutuo.

Pero esta noche hace frío y la casa es muy grande.

jueves, 17 de mayo de 2012

LO QUE NO TE MATA... TE HACE MÁS FUERTE

Hay momentos, hay situaciones en la vida que ponen a prueba parte de tus creencias, de tus puntos fuertes, de la imagen que tienes de ti, o tu relación.

Pasa en todas las parejas, en todas las personas, en todas partes. Un día no puedes aguantar la forma de ser de tu hermano. Te parece frío, insensible, superficial, infantil, egoista, torpe, engreido, insolidario, distante, feo... Lo que toque. La semana pasada era tu hermano favorito y esa mañana descubres que te despierta alguna de las palabras anteriores y toda su familia.

Y no es que tu hermano haya cambiado, quizá has cambiado tú, quizá no actúa como tu quieres que lo haga -y no tiene por qué ser malo que no te siga la corriente-, o te pone los puntos sobre las ies. Seguramente, son "tus gafas" las que están sucias. Puede que no estés en un buen momento, puede que los fantasmas del pasado o los del futuro te ronden. Puede que tu ánimo primaveral te esté jugando una mala pasada. Puede que recurras a la solución fácil "echar la culpa a los demás", para no ver que tú tienes el problema y la solución. O que eres tú quien tiene que dar el paso, o hablar, o lo que toque.

Quien dice el hermano, dice la madre, el padre, la amiga, la novia o la esposa. Es lo que sucede con las relaciones. Que también tienen sus altos y sus bajos. Y si les sumamos los propios, los altos pueden ser muy altos y los bajos muy profundos.

Afortunadamente, también disponemos de las armas necesarias para superar todo y mantener las cosas importantes de nuestra vida. Para no destrozar un matrimonio, para no perder una amistad.

Cuando hay problemas, miremos en nuestro interior, seamos sinceras y pensemos ¿Qué puedo hacer para solucionarlo? Y evaluemos realmente si es justo, si es necesario, si es lógico. Aunque nos cueste, aunque no nos guste la respuesta. Si la relación merece la pena hay que luchar por ella.

Y, muchas merecen la pena.

domingo, 25 de marzo de 2012

TODAVIA SE ME ESCAPAN LAS MANOS

Todavía se me escapan las manos cuando te tengo cerca. Hoy, en el metro, el tiempo corría a su favor. A favor de mis manos. Despiertas, sin prisa y juntas.

Mis manos cobran vida en esos momentos. Les urge salir de los bolsillos, soltar bolsas o revistas. Con una urgente necesidad, con hambre, se aproximan a ti. Mis manos ladronas, quieren llevarse el contorno de tu cintura. Tienen hambre y se alimentan del calor que propagas. Y me das más hambre.

Esa necesidad corre por mis venas y me llena. Mis ojos ya se clavaron en ti, sin poder desprenderse de tus ojos. Mi boca se despierta. Siento que mi cuerpo responde a la llamada de mis manos. Que quieren acercarse a ti. Que buscan proximidad.

Sin darme cuenta, sin evitarlo, mis piernas se plantan frente a ti. Abriendo camino a mis manos. Mi cuerpo te mira, te siente, te respira.

Y mis labios, como suaves ladrones de guante blanco, se acercan imperceptiblemente a tu boca. Te rozan y buscan un beso. Crean un beso desde la magia de los labios que se imantan.

Y qué más da que la gente pueda mirar. Ya pasó el tiempo de ocultarse. Algo tan bello no debe vivir siempre en la oscuridad.

Te quiero, te busco y me ofrezco a ti. 

Todavía te busco, todavía se me escapan las manos hacia ti. Y que dure.