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viernes, 29 de abril de 2011

ACOGIDA: EL ESPEJO EN EL QUE TE MIRAN

Seguimos con el proceso de acogida. Y eso quiere decir que hubo una "siguiente" reunión. Esta vez tocó con la psicóloga.
Por muy simpática que se muestre, por muy inofensivas que sean las preguntas, siempre recuerdas que te están evaluando. Como si estuvieras optando a un puesto de trabajo. Intentas que el reflejo que das sea el correcto y con la iluminación adecuada. Todas queremos aparecer más bonitas en las fotos. No se trata de mentir, que no es para nada una opción, sino de presentar tu mejor lado.
A parte del motivo de esta entrevista -de unas casi tres horas-, no puedo negar que te ayudan a conocerte un poco más. Y a tu pareja.
Y hablar en voz alta de ti, esa obligación a buscar las palabras correctas, hace que vuelvas a examinarte. A buscar en tu interior. A responder preguntas que ni te habías planteado. No es el típico a dónde vamos y de dónde venimos. Pero es bueno y más si es con tu pareja al lado. Además, la tercera persona no te conoce y, por tanto, no da nada por sentado. Lo que hace que pregunte cosas que tienes que volver a verbalizar.
Al salir, te llevas la extraña sensación de haber dado cien pasos hacia el final. Y las rodillas te tiemblan un poco. Para las que acogemos, esto debe ser como el embarazo ¿no? Al final de todas las reuniones y charlas tendremos uno más en la familia. Pero desconcierta tener sólo este michelín y no la criatura gestándose.
Otra vez toca esperar. Otra vez mirar de reojo durante días el móvil.

jueves, 7 de abril de 2011

LA ESPERA

Ya os he contado alguna entrada anterior, que nos hemos arremangado y nos hemos metido en el lío de acoger algún infante. Y eso conlleva un montón de cosas. No de trámites, que a fin de cuentas sólo son papeleo, colas, solicitudes y poco más.

Pero te mandan deberes para conocerte un poco más y ver que no lo vas a matar, ni pegar, ni te maltrataron a ti, ni lo vas a insultar a la primera de cambio. Asegurarse para que el acogimiento no sea un parche para una maternidad frustrada. Aclararte pros y contras y un montón de temas más.

Esos deberes, donde tienes que hablar de ti, de la pareja, de la familia, de la educación, de los amigos, de los valores transmitidos, del trabajo, etc. Te obligan a parar, a meditar. Te hacen pensar las cosas, cómo son y por qué son así, por qué las haces así. Te lleva a un espejo y te obliga a ser un poquito más sincera de lo habitual. Te obliga a hablar.

Yo he aprendido un poco y me he reído con arrobita otro poco. Es un ejercicio que todos deberíamos hacer de vez en cuando.

Pero el proceso de acogida también ejercita tu paciencia. Eso sí, no tanto como la adopción -que casi parece que estás preparándote para Dalai Lama-. Las esperas se hacen constantes. Esperar que llegue un documento, esperar para que te citen, esperar para que llegue la entrevista. Volver a esperar para la próxima llamada, que dará pie a la espera para la próxima cita. Al menos, cuando tienes una fecha, sabes que la espera tiene ya un fin cierto. Cuando esperas la llamada no sabes nada.

Mientras todo eso sucede, tienes que ir ahuecando espacio. Que no está bien, acomodar al niño entre tu mesa de despacho y las novelas completas de Jean M. Auel. Porque los críos necesitan ese espacio vital que llaman.

A mi me gusta leer. Y cuando no tenía ordenador, leía los libros de siempre. Incluso de los gordos con letra pequeña. Y arrobita también trajo los suyos. Algunos pensarían que vivimos en una prolongación de la biblioteca del barrio.

Y, bueno, me alegra saber que puedo dejar libros en la biblioteca y ellos les dan una segunda oportunidad. O los integran en el fondo bibliográfico o los dejan en un espacio libre, para que la gente los pueda llevar. Así los libros, como los muñecos de "Toy Story", siguen con su función principal.
Bueno, que no se cómo he acumulado tanto libro. Y, de pronto, me encuentro con libros que no he leído y lo quiero apartar para leerlo. Y recuerdo otros y lo que les rodeo y sus pequeñas historias... No sabía yo que fuera tan entretenido hacer hueco en la habitación



Seguiremos esperando, y mientras, el hueco agrandando.

viernes, 18 de febrero de 2011

ESTOY A PUNTO DE...

Si, a punto... Bueno, que "a punto" ni que niño muerto. Ya he cambiado mi vida. No por lo que habéis leído en entradas anteriores. Estas sólo eran consecuencias de cambios de mayor calado.
Y esos cambios vienen dados por una necesidad, o como queráis llamarlo, de ser uno más.
Arrobita y yo lo hemos hablado intensamente. Nuestra relación avanza y nos ha llevado al punto "aumentar la familia". Punto que ha sido aprobado por 4 votos a favor y ninguno en contra -no hubo tongo, que los gatos también participan en las decisiones domésticas-.
Para ello hemos barajado todas las posibilidades y hemos elegido la que más nos ha convencido. Que no es la más sencilla.
Estamos ya inmersas en el proceso de acogida de un niño. Y encima, afinando un poco más, niño con especial dificultad (con alguna enfermedad, grupos de hermanos, etc).
Si, si, lo hemos meditado muuuucho.
No, no sobemos dónde nos metemos.
Si, si hablamos y hablamos.
No, no es una opción a la adopción, ni la medalla de consolación.
Si, si contamos con una familia que nos apoya.
No, no hemos resuelto todos los interrogantes que se generan.
Si, si estamos muy ilusionadas.
No, no es por no acudir a tratamientos de fecundación varia.
Si, si pensamos que esos niños también tienen derecho a integrarse en una familia.

¿Qué queréis que os diga? Pensamos que, el amor que nos une, puede hacer mucho bien a un niño. Y más a un niño que no ha tenido suerte ya antes de nacer.

El mundo está loco, pero siempre hay un hueco para el amor.