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jueves, 13 de septiembre de 2012

ACAPARANDO SUEÑO


Últimamente estoy invirtiendo en tiempo. En el tiempo que no duermo. Ahorrando horas de sueño. Por si pillo la gripe, me hago un esguince o similares. Y así dormir todas juntas.


No tengo hijos, pero si perra en edad de crecer. Y no sólo tengo perra, sino que tengo dos gatos. Y, cumpliendo la tradición se llevan como perros y gatos. Así, cuando estamos todos reunidos en la habitación para dormir a pierna suelta, latanqueta decide que tampoco pasa nada por hacer un poco de piernas y perseguir a sus hermanillos por la casa -tras despertarlos amistosamente a ladridos-.

Así que, además de no controlar todavía dónde y cuándo hace sus cosas, romper perchas, brick, estropajos, etc, subirse a tu cabeza a brincos y demás cosas de la chavalería perruna, latanqueta se ha convertido -por decisión propia- en la entrenadora de los gatos. 
Me enorgullece decir que pelotilla pasa de 0 a 100 km/h en 3 seg y que está en el equipo olímpico de 100 metros lisos y 400m valla.

Vale, reconozco que anima saber que recuperaré el sueño antes que lo hagan los que tienen criaturillas de dos paticas (alias hijos), pero ahora mismo me duermo por las esquinas.

domingo, 8 de enero de 2012

JURO QUE YO NO ERA ASÍ

Como ya os he contado, nos hemos mudado hace poco. Con la historia de los trabajos, las fiestas y algunas cosas más, todavía tenemos ambas casas como si hubieran sido robadas. Ya tenía yo ganas de aposentarme tranquilamente en nuestro nuevo y flamante ikea-sofá y dejar de mirar con envidia a los gatos -que pasan media jornada desparramados en él-.

Han pasado por aquí, como los ministros, mis amados suegros en visita relámpago. Han echado una mano con una chapucilla, han compartido unos granillos de arroz y se han ido corriendo.
Ahhhhh, todo el sofá para mi...

Pues no. Me ha entrado un no-se-qué-qué-se-yo, y llevo toda la jornada -al igual que ayer- trasteando, moviendo, colocando, ordenando, limpiando, etc. Que no se si soy una sola o tengo una hermana gemela.

Chicas que tenía una parte de mi cuerpo tirando hacia el sofá y otra parte tirando hacia todas partes.

Que yo no sabía que era así. Desconocía que tuviera un gen materno tan dominante. Se ha despertado la fiera que hay en mi. Que casi me he obligado a sentarme en el sofá -en el cachito que mis gatejos han tenido a bien cederme-.

Y no veas lo bien que se está. Aquí, con las patitas propias estiradas y trasteando con el portátil. Pero ese gen rabioso, de organización, limpieza y demás cosas terribles, lucha por volver a tomar el mando. 

No es fácil aguantar. Pero es que voy a empezar la semana más cansada de lo que terminé la anterior. Y así no se puede llegar a ninguna parte. Así que he dejado las cosas como están y seguiré otro día. Que hay que disfrutar un poco de la jornada. Que yo no era así, de verdad. Yo era una mujer joven, despreocupada, y tal. Y como me descuide, me pillan con el mocho pegado a la mano y mirando con lupa si se amontona el polvo. Esto no puede ser bueno. Creo que me estoy haciendo mayor.



jueves, 13 de agosto de 2009

GATO CON JAMON

Hace unos días, mi hermana nos trajo un encarguito de Extremadura. Un deseado jamón de los ricos ricos (por lo que ha costado ya puede serlo). Hemos cumplido el rito de colocarlo en el jamonero, comprar un cuchillo especial -nada del de los rabanitos- y colocarle con mimo la mallita que trae para cuidarlo. Hasta hicimos una minicena de inauguración, con mi hermana claro está.


Pero no contábamos con la ilusión gatuna por las buenas viandas. Creo que les hemos acostumbrado demasiado bien. Demasiada latita gourmet debe ser. Y eso que el agua no es de Vichy.


El caso es que ayer, al volver de trabajar, arrobita no fue recibida por unos mininos hambrientos de mimos y caricias. Peluche no se le tiró entre las piernas, mostrando la barriguita, reclamando su ración de atención. Hércules dormitaba y miraba con desidia desde lo alto del sofá. Algo no era normal... Y no sabía el qué. Pero bueno, hace calor, el verano, la desidia, etc.


Tras descargar maletín, casco y demás, fue a la cocina a refrescarse. Y no observó nada raro... Casi nada. Una mirada un poco más atenta descubrió "algo" raro en la malla. Cuando se acercó, observó con horror que "alguien" había rasgado la malla por la parte de abajo. Hábilmente, habían dejado al aire la parte más blandita del jamón... Y se habían dado el gustazo de probarlo sin restricciones humanas.

¡Claro! ¡Así estaban de felices y panzones!


¡Mi jamónnnnnnnnnnn!


Ahora el jamón y los gatos nunca tienen la posibilidad de estar en la misma sala juntos. Pero no os lo perdais. Los hemos dejado montando guardia en la puerta de la cocina... Y echándonos unas miraditas tipo "Traidorassssssss, sabemos que el jamón está ahí y no nos lo dejais".